
Para empezar el día y tras haber asistido a la Santa Cena del Jueves Santo y recorrer las calles de la ciudad acompañando al Vía Crucis, un café con leche y unas torrijas, típicas españolas, que están elaboradas con pan de la víspera, huevo, leche y azucar, que para acompañar el despertar de luto bien merecen un desayuno completo.
El potaje de Cuaresma, con tantas proteínas y vitaminas, como senci
llo de preparar, con una base de sofrito con aceite de oliva, acelgas frescas cortadas, tomate natural maduro y rallado, pimentón dulce y una majada de ajo y almendrás, para después acompañarlo con un litro de agua que cuando llega a ebullición se le añaden trozos de patatas y garbanzos castellanos, en remojo desde la vísipera, sal, y a cocer a fuego lento y cuando casí están en su punto se le añaden unos buenos trozos de bacalo desalado, también el día anterior, y un par de huevos cocidos desmigaditos. Delicioso manjar para sobrellevar el triste día de la muerte de Jesucristo.

De segundo plato y haciendo hueco en el estómago para preparar el largo recorrido del Santo Entierro, que a la puesta de sol, tendrá lugar por las calles de la ciudad, hemos preparado unas croquetas de bacalao, que estan divinas a pesar de su consistencia y del aceite que se utiliza para su fritura.

Y de postre, podemos tomar una buena coca de pasas y nueces, que nos darán la energía suficiente para no comer ya nada más hasta el día siguiente.
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